Todos tenemos un punto de partida… pero no un punto final. Si nos damos por terminados demasiado pronto, si nos creemos lo del manido “es que yo soy así, no voy a cambiar” nos veremos reducidos a ser los personajes secundarios y deshilachados de nuestra vida.
Cambiar es un ejercicio valiente, pero necesario. Cambiar no es aceptar que antes estabas equivocado; es aceptar que posiblemente SIEMPRE estés equivocado.
Así que… quiérete tal y como eres pero no te aceptes tal y como eres. No pienses que ya has llegado a tu mejor versión. Sigue siempre construyéndote, cambiando de idea, de opinión, de vida… a tu ritmo, con las fuerzas que tengas en cada momento… pero no te des NUNCA por terminado.
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